Tag

vídeos

El peligro de las etiquetas

De un tiempo a esta parte la psicología y la psiquiatría han ido encontrando un lugar importante en nuestra sociedad. Cada vez somos más conscientes de la importancia de la salud mental y por ello hemos comenzado a trabajar en encontrarnos bien psicológicamente como manera de mejorar nuestra calidad de vida. Conceptos como ansiedad o depresión se han vuelto muy familiares y los utilizamos en todo tipo de contextos, sin embargo en ocasiones el uso de términos relacionados con la psicología y la psiquiatría han creado más problemas que beneficios. Vivimos en un mundo en el que se ha normalizado el uso de etiquetas diagnósticas, y eso conlleva ciertos peligros.

Las etiquetas diagnósticas, es decir, los nombres de los diferentes trastornos psicológicos, surgieron para facilitar la comunicación entre profesionales de la salud mental. Al decir que un niño había sido diagnosticado con hiperactividad todo el equipo de profesionales que estuviera tratando a ese niño podía entender qué tipo de síntomas y comportamiento podía estar mostrando ese niño. Sin embargo, con estas etiquetas no se puede saber las causas de ese comportamiento, ni el contexto en el que éste se hace más patente, por lo que esa etiqueta simplemente es un punto de partida a partir del cual investigar y ayudar al paciente.

El etiquetar a un paciente como hiperactivo, bipolar, o depresivo tiene el riesgo de que la persona se identifique con esa etiqueta, que justifique su comportamiento inadaptado y le de rienda suelta para seguir «siendo» un enfermo mental. Las etiquetas diagnósticas pueden limitar el desarrollo del potencial de la persona diciéndole lo que es y no lo que podría llegar a ser.

Las personas nos adaptamos al mundo en el que vivimos de la mejor manera que encontramos, aunque eso suponga en ocasiones comportamientos que puedan considerarse inadaptados y se puedan encasillar teóricamente dentro de un trastorno de los que aparecen en el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). ¿Para qué ponerle entonces un nombre con connotaciones negativas a las personas con un comportamiento y/o sentimiento determinado si éstos le han servido para sobrevivir y adaptarse a su situación individual? ¿No sería mejor plantearse cómo desechar lo que ya no le sirve porque le hace sufrir para poder crecer y ser más feliz? ¿Es estrictamente necesario decir a alguien lo que «es» según un libro?

Categorías