Quiero cambiar

By 1 marzo, 2013 Artículos

El motivo de consulta general de todos los pacientes y pacientitos que he tenido es que quien cambiar, hay algo que no está funcionando en sus vidas y quieren eliminar el sufrimiento que eso supone. Esto que se quiere cambiar es lo que los psicólogos llamamos síntoma y por lo general la persona que acude a terapia quiere eliminarlo, quitárselo de encima, luchar contra él como si fuera un enemigo que nos está haciendo la vida imposible, casi siempre poniendo la esperanza en que exista alguna pauta que el terapeuta le dé para que esto desaparezca.

Sin embargo, es cuando se deja de luchar contra ese síntoma-bien sea miedo, timidez, depresión, ansiedad o cualquier otro- y se pone energía en comprenderlo, saber de dónde viene, validarlo y darle lo que necesita, cuando se puede comenzar a poner energía en generar nuevas alternativas para el futuro, nuevas maneras de pensar, sentir o actuar con los que vivir más felices y satisfechos. No es pues cuestión de seguir unas pautas por parte del profesional lo que nos cura sino la capacidad de comprensión, protección y aceptación de cada persona consigo misma la que sirve como base para el cambio.

Hace unos años conocí a Nadine (considero importante aclarar que cuento con el permiso expreso de la protagonista de esta historia para escribir lo que viene a continuación y por supuesto su nombre se trata de un pseudónimo con el fin de proteger su identidad). Cuando acudió a terapia Nadine tenía 21 años y repetía una y otra vez que se odiaba a sí misma puesto que en ocasiones perdía los nervios y acababa agrediendo a su madre (el síntoma en este caso era la agresividad mostrada). Nadine había sido abandonada por su madre en su país de origen a muy corta edad donde se quedó a cargo de su abuela y sus tíos quienes abusaron de ella en múltiples ocasiones. Muchos años después su madre fue a buscarla y le obligó a vivir con ella, dando por sentado que Nadine estaría encantada de volver a verla, obviando los años que habían estado separadas e incluso cupabilizándola por el miedo, la tristeza y la rabia que había sentido durante ese tiempo.

Para Nadine el simple hecho de escuchar y comprender que tenía derecho a estar enfadada, triste y asustada por todo lo que le había ocurrido redujo su nivel de agresividad notablemente dejando de agredir a su madre de inmediato. Siempre la habían culpabilizado por enfadarse con «sus mayores» haciéndole creer que eso era algo que sólo hacían los niños malos. En este caso además, fue esa rabia hacia los demás por haberle hecho daño lo que, según sus palabras, había hecho que ella no se quitara la vida. Fue solo a partir de ese trabajo de comprensión y agradecimiento al síntoma cuando Nadine pudo comenzar a cerrar las heridas del pasado y construir nuevas relaciones con ella misma y con los demás.

Por supuesto el trabajo con Nadine duró varios meses, pero al final del proceso, en la sesión de cierre, me dijo lo importante que había sido para ella el dejar de luchar contra la parte de ella misma que odiaba para pasar a entenderla, acariciarla y agradecerle como le había ayudado a sobrevivir.

No olvidemos que todos y cada uno de nosotros hemos hecho lo que hemos sabido para adaptarnos a lo que nos ha tocado vivir, y aunque ahora estemos preparados para cambiar, eso es, como mínimo, para ponernos frente al espejo y decir con mucho cariño: GRACIAS…

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