El abuso sexual infantil

By 19 noviembre, 2015 marzo 4th, 2016 Artículos
Abuso infantil

Con motivo del Día Internacional para la Prevención del Abuso Sexual Infantil me gustaría compartir algunas de las cosas que aprendí la primera vez que trabajé con niños víctimas de abuso.

Aún recuerdo ese día en el que recibí una llamada desde Letonia, concretamente desde el Dardedze Centrs en Riga, para decirme que me habían seleccionado para ir a trabajar allí durante nueve meses en un proyecto con niños víctimas de abuso sexual. Acababa de terminar la carrera y sabía que quería trabajar con niños, me creía capaz de poder acompañarles aunque hubieran sufrido situaciones muy difíciles (con el tiempo me he dado cuenta de que soy capaz de hacerlo pero de vez en cuando necesito pararme a ver cómo me está afectando todo eso) y, a pesar de que mucha gente pensaba que estaba medio loca, dije que sí sin dudarlo.

La verdad es que por aquel entonces no tenía practicamente ninguna experiencia laboral relacionada con la psicología e iba un poco a ciegas, pero quien sabe si por intuición o por pura inconsciencia, tenía la certeza de que la experiencia iba a valer la pena. Aquí van algunas de las cosas más valiosas que aprendí

Los niños son niños, aquí y en China. Puede sonar obvio, y en realidad puede que lo sea, pero para mí fue un aprendizaje importante. Letonia es un país con poca luz en invierno, tremendamente frío, con muchísimos problemas sociales, alcoholismo…y de alguna manera, viendo a la mayoría de los adultos, podías intuir que eso era así. Pero con los niños era diferente, incluso los que más habían sufrido, una vez que se sentían seguros, eran capaces de reír, saltar, jugar. Y era increíble cómo agradecían estar rodeados de alegría, cariño y comprensión. Era como que eso les ayudaba a recontactar con ellos mismos. Y entonces me di cuenta, todos, TODOS, necesitamos aceptación y amor incondicional cuando somos niños.

Hablar imagesestá sobrevalorado. Evidentemente al llegar allí yo no tenía ni idea de letón, pero dio igual. Los niños perciben, sin palabras, quien está ahí para ellos. Durante el primer mes me senté al lado de una niña, Laura, que desde que había entrado en el centro no había hablado con nadie. Laura  no miraba nunca a  los  ojos de ninguno de los educadores, pero le gustaba pintar y lo hacía cada tarde, así que yo me sentaba a su lado y miraba con atención lo que hacía. Un mes después, me miró, me dio una pintura, y me señaló lo que quería que pintara con ella. Aluciné. Cuando terminamos me llevó a su cuarto y sacó de debajo de su cama una foto de su madre y una especie de diario que parecía muy importante para ella. Empezó a hablar. La verdad es que no sé exactamente que me dijo, lo que sé es que lo quiso compartir conmigo cuando consideró que yo merecía su confianza.

La capacidad de adaptación del ser humano es infinita. Todos  los niños y adolescentes que estaban en el centro habían sufrido abuso sexual, pero los trabajadores no sabían inglés y yo nunca supe la historia de ninguno de los chavalines. En realidad también dio igual. Quizá saber su historia me hubiera ayudado a entender racionalmente el por qué actuaban de una manera o de otra pero eso no hubiera cambiado nada en mi relación con ellos. Lo realmente importante era respetar cómo habían aprendido a adaptarse al horror que habían sufrido y acompañarles de una manera que pudieran ir dejando de defenderse poco a poco. Erika, de dos años, era una niña que había aprendido a ser invisible. Supongo que eso le había ayudado a evitar situaciones muy desagradables y así, tan chiquitita como era, había intuido que lo mejor era mantenerse en silencio. y practicamente sin moverse Liana, de 7 años, estuvo varios meses hablándome muy bajito al oído, mientras que Davids, su hermano había entendido que lo mejor era defenderse agrediendo. Cada niño había elegido su manera única y personal de «protegerse», haciendo lo que podían. Y la adaptación surge de las ganas de sobrevivir, todos queremos sobrevivir. Ojalá todos pudiéramos vivir en vez de sobrevivir.

Un no es un no. Pero no solo cuando hablamos de abuso sexual. Un no es un no SIEMPRE. No tengo hambre, es no tengo hambre. No me gusta que me grites es no me gusta que me grites. No quiero dar un beso a mamá es no quiero darle un beso a mamá. A estos niños se les había negado el derecho a decir no, y fue importantísimo respetar sus límites al máximo para que pudieran confiar en mí. Todos merecemos que se respeten nuestros límites.

El abuso puede hacer un daño terrible y aún así se puede superar. Necesitamos tomar conciencia del daño que hace a un niño sufrir abuso y también de que cuando antes actuemos más fácil es poder superarlo. ¿Qué podemos hacer en caso de que un niño nos diga que está sufriendo abuso?

-Lo primero primerísimo es decirle que tú le crees. Confía en él. Si ha tenido el valor de acercarse a ti para contártelo es porque cree que le puedes ayudar.

Acude a un profesional especializado en el tema para que valore la situación, te ayude a entender cuáles son las necesidades del niño y te explique los pasos a seguir.

¿Y para prevenir?

– Explicale cuáles son los secretos buenos y los malos. Los buenos son, por ejemplo, una fiesta sorpresa, o un regalo, etc; es decir, los que hacen sentir bien. Los secretos malos son los que nos hacen sentir mal al guardarlos.

Regalar y chantajear no es lo mismo: No hace falta que un niño haga nada para recibir un regalo. Enséñale a decir que no a chantajes y sobre todo no utilices frases del tipo «ven conmigo y te enseño una cosita» para convencerle de que vaya contigo si no quiere. Como dije antes un no es un no.

– En la misma línea: respeta TODOS sus NO. Vale, puede que a veces no puedas. Si tu hijo no quiere ir al cole porque quiere dormir, quizá no sea la mejor idea dejarle en la cama (aún así te diría que estuvieras alerta si dice que no muchos días no vaya a ser que el motivo no sea que quiere dormir y sea que pasa algo en el cole). Déjale claro de todas formas que no está mal que no quiera ir ¿o tú quieres ir a trabajar todos los días?.  Al menos valida ese no con palabras de este estilo: «Claro, no quieres ir al cole y tienes que ir, eso debe molestarte mucho». Vamos, escúchale bine escuchado.

Los genitales son una zona privada, y punto.

Es labor de todos terminar con el tabú del abuso. Guardarlo en secreto puede ser una losa enorme.

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