Carta de una madre a otra madre

By 20 noviembre, 2015 marzo 4th, 2016 Artículos

Querida madre,

No me conoces pero llevamos a nuestros hijos a la misma piscina.  Supongo que habremos coincidido más días en el vestuario pero la verdad es que suelo estar con los ojos fijos en mi hijo para que no desaparezca (ya lo hizo una vez y buen susto me pegué) en cuanto bajo la vista para coger algo de la mochila. Me estoy dando cuenta de que ni siquiera te he visto la cara, pero llevo desde ayer por la noche pensando en ti. Ayer tuviste una discusión con tu hija. Ella no quería salir del baño y tú querías que saliera, le dijiste que te irías sin ella y ella abrió la puerta desnuda gritando  que no saldría del baño hasta que hiciera pis. Tú respondiste que se dejara de pis y de tonterías  y la cogiste del brazo para llevarla a otra parte del vestuario. Se hizo el silencio.

Me pregunto si te preocupaste por lo que las demás pudiéramos pensar de lo que habías hecho o de cómo se había comportado tu hija. Me pregunto cómo de importante era para ti que tu hija saliera del baño y cuánto pis se haría tu hija para gritar con tanto ímpetu que no iba a salir del baño. Me pregunto cómo os sentisteis cada una al discutir y cómo hicisteis para volver a la normalidad. Me pregunto cómo habría sido vuestro día y sobre todo me pregunto cómo ha sido para ti tu vida desde que has sido madre.

No sé cual ha sido tu experiencia pero para mí, ser madre, es lo más difícil que he hecho nunca. A veces es desesperante no poder seguir tu propio ritmo (sobre todo en lo que en mi casa llamamos las noches infierno). Es muy cansado estar pensando la mayor parte del día en lo que es bueno para otros y no para ti. Ir de un lado a otro para llegar a la hora al cole, a las extraescolares, no quedarte sin ropa limpia, tener suficiente comida en el frigo, ir decente al trabajo, cuidar tu relación con tu pareja, encontrar tiempo para ducharte…. Y todo esto acompañada siempre de un séquito (en ocasiones de desconocidos) con «sugerencias» para solucionar tus problemas de forma mágica.

No puedo decirte que esté de acuerdo con lo que hiciste ayer (¿por qué tenemos que estar siempre de acuerdo?), pero sí puedo decirte que estoy contigo. Estoy con tu agotamiento y con tu amor por tu hija. Con tus ganas de estar con ella y tus ganas de que se duerma (por dios) para poder descansar. Estoy con todas y cada una de tus contradicciones, porque las entiendo. Podremos estar más o menos de acuerdo con nuestra forma de actuar, pero compartimos tantas cosas, que lo único que me nace es querer apoyarte.

Se mueven por la red muchos mensajes animando a las madres a que sigamos nuestro instinto porque así nunca fallaremos y haremos lo que es mejor para nuestros hijos. Ya, pero ¿qué pasa cuando nuestro instinto está nublado por la rabia, el cansancio o la culpa?. Ahí si podemos hacer algo que haga daño a nuestros hijos. ¿Y sabes qué? Esa es una de las realidades que más miedo me da, porque «un gran poder conlleva una gran responsabilidad» (como decía Franklin D. Roosvelt y más tarde el tío de Spiderman – sí, a parte de madre soy un poco friki). ¿Te pasa a ti igual? ¿Te da miedo esto?

Querida madre, solo quiero que recuerdes que no estás sola. Ni cuando pierdes los nervios, ni cuando pides perdón, ni cuando buscas ayuda, ni cuando no quieres buscarla. Te deseo lo mejor en esta aventura tan loca en la que nos hemos metido, y, que tanto tú como tu hija (y por supuesto el papá de la criatura), seáis felices. Por aquí trataremos de hacer lo mismo.

 

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